Quinoa

La quinoa (también quínoa o quínua) es un cereal originario de las cordilleras andinas, y ha formado parte de la dieta de muchas de las culturas precolombinas, entre ellas los incas. Tal era su importancia que en lengua quechuá todavía se la conoce como cereal madre.

Con la llegada de los españoles el cultivo de quinoa se sustituyó por maíz, cevada, trigo, avena y patatas, pero la quinoa sobrevivió gracias a que continuó cultivándose en zonas remotas perdidas entre las montañas andinas. Gracias a esto hoy en día hemos podido redescubrir este maravilloso alimento.

En realidad la quinoa no es estrictamente un cereal, sino un pseudocereal perteneciente a la familia de las acelgas, las espinacas y la remolacha. A diferencia del resto de cereales y verduras, contiene los 8 aminoácidos esenciales, y es por tanto una proteína completa como lo es la proteína animal. Además de los aminoácidos esenciales, contiene otros 8 aminoácidos, entre los que se encuentra la lisina. En total contiene más aminoácidos, más hierro y más calcio que la leche, por lo que es una sana alternativa para aquellos que temen no tomar el suficiente calcio si dejan de tomar leche. También contiene otros minerales, como fósforo, potasio y magnesio, y vitaminas del complejo B, vitamina C y E.

El 69% del peso de la quinoa son hidratos de carbono, el ingrediente que nos aporta la energía necesaria para funcionar, y el 13% son proteínas (casi el doble que el arroz). También contiene una importante cantidad de fibra dietética, fundamental para mantener una buena salud intestinal. Además es apta para los celíacos ya que no contiene gluten.

Se puede tomar en grano o en forma de pasta o panes elaborados a partir de la harina de este grano. Para cocinar la quinoa en grano es importante lavarla bien para quitarle la cobertura amarga que tiene la cáscara. Esta cobertura (la sapopina) permite cultivar este cereal sin pesticidas, ya que actúa de insecticida natural. Si la compráis en grano, lo más normal es que ya le hayan quitado la cáscara antes de envasarla.

La proporción de proteínas, más alta que en ningún cereal, y el hecho de que no requiera plaguicidas ni fertilizantes para su cultivo, han convertido a la quinoa en un alimento muy apreciado para seguidores de una dieta vegetariana e interesados en los productos ecológicos.

Fuente: http://www.elblogalternativo.com/2008/12/03/quinoa-alimento-de-oro-de-los-incas-a-los-astronautas/

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Sal marina

A todos nos parece que la sal es simplemente eso, sal, pero existe una gran diferencia entre los distintos tipos de sal que existen. Entre las sales más conocidas para el consumo humano tenemos la sal común, la que usamos la mayoría para cocinar y dar sabor a las comidas. Sin embargo, debemos saber que la sal común no es muy adecuada para nuestra salud, y en cambio tenemos otras sales a las que podemos recurrir y que, al contrario de la común, tienen beneficios para nuestra salud.

Una de las mejores opciones que tenemos es la sal marina, que aunque parezca igual a la sal común, presenta grandes diferencias, que podríamos resumir en que mientras una da vida, la otra mata. La sal marina es el mayor concentrado de minerales naturales, y por lo tanto un gran alimento natural, vital para el funcionamiento celular de nuestro organismo. Tiene una composición mineral parecida a la composición del suero sanguíneo. Entre otros minerales contiene: azufre, boro, bromo, carbono, estroncio, magnesio, potasio, sodio, aluminio, arsénico, bario, cesio, cobalto, flúor, fósforo, hierro, litio, manganeso, mercurio, molibdeno, níquel, nitrógeno, oro, plata, radio, rubidio, selenio, silicio, torio, uranio, vanadio, zinc, yodo, etc… La sal común, por el contrario, es una mezcla artificial pobre en minerales, compuesta de sodio, que altera el buen funcionamiento del cuerpo. Además, desde hace más de un siglo, a esta mezcla se le añade yodo de manera artificial para intentar contrarestar las dietas pobres en yodo. Esta práctica mejoró los problemas de hipotiroides en grandes grupos de población, pero hoy en día, paradójicamente, está causando hipertiroides.

Los músculos, al deshidratarse, pierden grandes cantidades de agua, y sales minerales, creando un estado de cansancio y agotamiento físico y mental. Debemos reponerlos rápidamente. Con la sal común, sólo llegará a las células sodio puro. La sal marina, por el contrario, repone en instantes lo gastado. Algunos de los beneficios que nos proporciona su consumo (siempre con moderación) son:

• Da energía a los músculos.
• Compensa los perjuicios de una alimentación deficiente.
• Disminuye la acidez gástrica.
• Estimula la circulación sanguínea, respiratoria, centros nerviosos, los riñones, y las vías urinarias.
• Elimina los ácidos tóxicos, el láctico y el úrico.
• Enriquece la presencia en el organismo de calcio, etc.
• Gracias al magnesio, previene los trastornos del corazón.
• El flúor fortifica los huesos y los dientes.
• Tiene gran efecto bactericida y antibiótico.
• Produce un gran equilibrio electrolítico.
• Regula los excesos de Sodio y de Potasio, bajando la propia presión arterial.
• Evita las constipaciones.
• Es antialérgico.
• Estimula notablemente la cura de las heridas, alivia la Psoriais, los procesos menstruales y el bocio.
• Combate el colesterol y los cálculos biliares.

La sal marina se obtiene de la evaporación del agua del mar. También se puede obtener sal a partir de otros métodos, como puede ser la extracción a partir de las rocas.

La sal de mesa común es, mayormente, cloruro de sodio, aunque contiene algunos otros minerales tales como magnesio, potasio y yodo, entre otros. En el proceso de refinado de la sal común (para que quede fina y blanca) se pierden muchos de los minerales que contenía originalmente. También se pierden algas microscópicas que ayudan a fijar el yodo natural en el organismo. Sin embargo, la sal marina conserva todos estos elementos, posee más oligoelementos y minerales, y sobre todo, tiene mayor contenido en yodo, lo cual contribuye a la salud del organismo, y muy especialmente al correcto funcionamiento de la glándula tiroides.

Por otro lado, la sal marina tiene un sabor más fuerte y por eso, se suele emplear menor cantidad para sazonar las comidas, algo muy favorable si consideramos que en general, se consume mucho más sodio del que necesitamos. La sal marina tiene un color más grisáceo, propio de su estado natural, y al ser menos refinada que la sal que empleamos habitualmente para condimentar, posee más nutrientes y más sabor.

La sal común es “enriquecida” con aditivos químicos que evitan la formación de cálculos, pero no son naturales y son perjudiciales para la salud. Su alto contenido en sodio favorece la hipertensión y la retención de líquidos. También se puede asociar al consumo de sal común: Edemas, Eclampsia, Arteriosclerosis, Cálculos renales, Cálculos vesicales, Cálculos biliares, Hipoplasia de la tiroides, Nódulos en la tiroides, Disfunción de la paratiroides, etc…

Intentad probar la sal marina, o la sal del Himalaya, que sea de “cultivo” ecológico, para asegurarse de que no ha sido tratada químicamente. Evitad las sales de color blanco puro, porque no son naturales, y buscad aquellas que sean menos blancas, incluso de color gris. La sal céltica es una sal recogida con métodos artesanales, que garantizan que no ha sido tratada químicamente ni procesada con métodos agresivos, como hornos industriales o materiales metálicos.

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Gomasio

También conocido como “sal de sésamo”, el gomasio (o gomashio) es un aderezo rico en calcio y proteínas, que nutre el sistema nervioso y nos aporta mucha energía. Es ideal para añadir a cualquier alimento, ya que el sésamo es uno de los pocos super-cereales que contiene todos los aminoácidos, complementando las carencias de otros alimentos, o de dietas pobres desde el punto de vista nutricional. Añadido a otros cereales o legumbres, potenciaremos el aporte nutritivo de todo el conjunto, más que si tomáramos los ingredientes por separado. Al contener todos los aminoácidos, el aporte en proteínas del gomasio es igual al de la carne animal, pero con más valor nutricional, al ser de origen vegetal.

El gomasio es una receta oriental a base de semillas de sésamo y un poco de sal marina, dando como resultado un paté sabroso y versátil. También existen otras variedades preparadas con algas. Se trata de un condimento que representa la mejor alternativa a la sal común ya que contiene muy poca sal. El sésamo, una semilla que aporta 6 veces más calcio que la leche y 5 veces más hierro que la carne, lo convierte en un aderezo muy completo con casi un 20% de proteínas.

Por sus propiedades, es indicado para tratar casos de artrosis y osteoporosis, ya que el gomasio aporta mucho calcio orgánico, fácilmente asimilable y de mucho mayor aprovechamiento que el procedente de los productos lácteos. También es indicado para los casos de anemia, por el alto aporte de vitaminas y minerales.

El gomasio es un condimento muy alcalino que, correctamente masticado, beneficia al estómago hiperactivo y/o ácido.

Además de su delicioso sabor a fruto seco, nos aporta ácidos grasos insaturados cardiosaludables, lecitina y proteínas. Las semillas de sésamo contienen un 20% de proteína, una cantidad semejante al resto de frutos secos. El sésamo contiene una cantidad relevante de antioxidante, la vitamina E (2,3 mg/100 g), que actúa como conservante en la semilla evitando que la grasa que contiene se oxide y adquiera un sabor rancio. Además, el gomasio es un concentrado de más nutrientes reguladores, como el ácido fólico, la niacina o B3, el potasio, el magnesio, el fósforo y el hierro.

fuente: http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/alimentacion_alternativa/2001/07/02/34956.php

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Leche de vaca

La caseína es la proteina más abundante en la leche de vaca, muy adecuada para las vacas, pero los humanos no podemos digerirla bien. Después de la digestión en el intestino quedan fragmentos de esta proteína que atraviesan la barrera intestinal y provocan la estimulación de la mucosidad en las vías respiratorias. Esta reacción se produce entre 12 y 15 horas después de su consumo, como demuestra este estudio.

La leche de vaca, además, contiene 22 proteínas alergénicas. (Recordemos que la leche de soja también es alergénica). La leche de vaca también puede ser la causa de bronquitis y neumonías. La leche de vaca produce más mucosidad que cualquier otro alimento, un moco espeso, denso, que obtura todo el sistema respiratorio del organismo, que atasca las membranas mucosas e invita a la enfermedad. La fiebre del heno, el asma, la bronquitis, la sinusitis, los resfriados, el goteo nasal y las infecciones de oído se deben principalmente a los productos lácteos. En general, también son la causa principal de las alergias.

Existen dos enzimas, la renina y la lactasa, que son las encargadas de descomponer y hacer digestible la leche de vaca. Dichas enzimas, en casi todos los seres humanos, dejan de producirse alrededor de los tres años. Cuando la leche entra en el organismo y no encuentra dichas enzimas, sucede que el estómago tiene que hacer esfuerzos considerables por digerirla, y, a pesar de su enorme trabajo para que el alimento sea asimilado, no lo consigue del todo, así que la leche se queda en los intestinos adherida como una especie de pasta difícil de remover. Con el tiempo, estas adherencias se fermentan, se secan, se hacen una especie de costra que, con los años, da lugar a muchas enfermedades, entre las cuales encontramos problemas de la tiroides, diabetes, alergias de todo tipo, intolerancia a ciertos alimentos, excesos de flemas y mucosidades, tos y catarro, etc.

Los seres humanos somos los únicos que ingerimos leche de otro animal, y además seguimos tomándola después del periodo de lactancia. Cada animal produce una leche específica para su especie que tiene una estructura biofísica específica. La leche contiene una hormona del crecimiento que es buena para la vaca, pero en los humanos puede causar alteraciones, como el avance de la menstruación en las niñas. Las vacas, por ejemplo, tienen 4 estómagos, y llegan a la edad madura a los 2 años, momento en el que dejan de tomar leche.

La leche se toma por su alto contenido en calcio. Pero curiosamente, en países como Estados Unidos, el mayor consumidor de leche, es donde se dan más casos de osteoporosis. El Proyecto Cornell Oxford-China de Nutrición, Salud y Medio Ambiente, demostró que la leche animal desmineraliza a los adultos. Comprobó que las mujeres que no tomaban leche de vaca y su único alimento eran el arroz, los vegetales, la soja y sus derivados no padecían osteoporosis. Y que, sin embargo, si dejaban esa dieta e introducían la leche de vaca sus niveles de calcio bajaban y aumentaba la incidencia de esa patología. Se puede reducir el riesgo de osteoporosis reduciendo el consumo de sodio y proteína animal en la dieta, aumentando el consumo de frutas y verduras, haciendo ejercicio, y asegurando un adecuado consumo de calcio procedente de vegetales tales como las hortalizas de hojas verdes, las legumbres y los frutos secos. Por ejemplo, una ración de brócoli contiene tanto calcio aprovechable como un vaso de leche, además de muchos otros nutrientes saludables.

Los procesos de esterilización (pasteurización, UHT, etc.) se nos han vendido como una medida de seguridad para el consumidor, para eliminar todos los gérmenes. En realidad, estos procesos no “higienizan” la leche (continúa igual de sucia, con pus, sangre, antibióticos, hormonas), pero transforman sus cualidades convirtiéndola en un producto “muerto”. Al estar muerta, lo que sí se consigue es hacerla menos perecedera, es decir, que dure en los almacenes durante muchos meses, evitando pérdidas económicas. La máxima expresión de esto es separarla en sus ingredientes o transformarla en leche en polvo. Pero los procesos de esterilización, basados en calor, alteran las sustancias nutritivas (proteínas, vitaminas, enzimas…), y junto con los aditivos que se incorporan, sólo consiguen agravar los problemas.

Por otro lado, la industria láctea está constantemente renovando sus líneas de productos: si la leche entera es mala para el colesterol (La leche entera es uno de los alimentos que aportan más colesterol al organismo), inventan la leche desnatada; si la desnatada “parece” agua, se hace la semi-desnatada; si al desnatar pierde las vitaminas liposolubles, se añaden vitaminas A y D; si tienes riesgo de osteoporosis, añaden calcio; si tienes más colesterol, sacan la leche con Omega-3 (aceites procedentes de pescado) en vez de la grasa láctea; para facilitar la digestión, leche baja en lactosa; si necesitas fibra, leche con fibra; para niños en crecimiento, está la leche con 12 vitaminas y minerales… Lo que nos venden es un “brebaje industrial” que nada tiene que ver con el producto “natural” original y sus supuestas virtudes.

La producción de lácteos desnatados genera un excedente de nata, y la mejor forma para no dejar perder esta nata es introducirla en la elaboración de otros alimentos. Esta es la razón por la cual, aunque muchas personas crean que toman poca o nada de leche, muchos de los lácteos que se ingieren llegan de forma camuflada. Hoy en día es realmente difícil encontrar un producto de panadería (pan de molde, galletas, bollería, etc.) que no lleve algún lácteo (nata, sólidos lácteos, suero, proteínas de leche, leche en polvo).

Un grupo estadounidense de médicos independientes, el PCRM (Comité de Médicos por una Medicina Responsable), aporta 8 grandes razones basadas en estudios científicos para eliminar los lácteos de la dieta:

Diversos tipos de cáncer han sido relacionados con el consumo de lácteos, como el de ovario (por la incapacidad de descomponer la galactosa), y los de mama y próstata (presumiblemente asociados al aumento de una sustancia que contiene la leche llamada IGF-1 o factor de crecimiento similar a la insulina).

La diabetes dependiente de insulina (tipo I o inducida en la infancia) está asociada al consumo de lácteos. Estudios epidemiológicos de diversos países muestran una fuerte correlación entre ella y el uso de lácteos.

La intolerancia a la lactosa es común en muchas personas, especialmente entre los de razas no caucásicas. Los síntomas, que incluyen molestias gastrointestinales, diarrea y flatulencia, suceden porque estos individuos no poseen los enzimas que digieren la lactosa.

El consumo de leche puede que no proporcione una fuente consistente y fiable de vitamina D en la dieta.

Se suelen utilizar comúnmente hormonas sintéticas para las vacas lecheras con el fin de aumentar la producción de leche. Debido a que las vacas están produciendo cantidades de leche que la naturaleza jamás previó, el resultado obtenido es la mastitis, o inflamación de las glándulas mamarias. Su tratamiento requiere el uso de antibióticos, y se han encontrado restos de ellos y de hormonas en muestras de leche y otros lácteos. Los pesticidas y otros medicamentos también son contaminantes frecuentes de los lácteos.

Las proteínas, el azúcar de la leche, la grasa y la grasa saturada de los lácteos pueden representar riesgos de salud para los niños y conducir al desarrollo de enfermedades crónicas tales como obesidad, diabetes y formación de placas ateroscleróticas que pueden conducir a problemas cardíacos.

En resumen, cualquier persona que se preocupe por la salud debe plantearse la cuestión de si el consumo de productos lácteos es realmente indispensable. Existen muchos indicios para pensar que en realidad pueden acarrear problemas de salud. La leche y demás lácteos no son necesarios en la dieta, y tenemos formas de reemplazarlos por otros alimentos más saludables.

Por tanto, parece que la leche no debe ser un alimento de primer orden, como suele suceder en la dieta de la mayoría de las personas. Si nos preocupa que dejando la leche podamos sufrir de una carencia de calcio, tranquilos, esto se puede suplir, si es que ya no lo estamos haciendo consumiendo legumbres, frutas, verduras, arroz, frutos secos o algas, es decir, siguiendo una dieta equilibrada.

Si queréis probar una dieta sin lácteos, podéis probar a tomar leches vegetales (soja, arroz, avena, almendra, avellana, etc…), margarinas 100% vegetales, postres de soja, tofu, etc…

Tened en cuenta que el brócoli, las nueces, las verduras de hoja verde oscura, el amaranto, la miel, la avena, la naranja, el polen, la alfalfa, la levadura de cerveza, el coco, las almendras (sobre todo las almendras) son alimentos ricos en calcio. Dos almendras contienen el doble de calcio que un vaso de leche.

Fuentes:

http://www.etselquemenges.cat/fills/mocallos-pren-te-la-llet-o-millor-no-te-la-prenguis-571

http://www.notmilk.com/

http://www.cherada.com/articulos/fch117-s507-p30204-la-leche-mala-para-la-salud-10-consecuencias-de-su-consumo

http://www.alimentacion-sana.com.ar/informaciones/novedades/lacteos.htm

http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/4588986/La-leche-de-vaca-es-mala-para-la-salud.html

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