Bizcocho de chocolate sin glúten

Esta receta de bizcocho es la conocida receta de los vasitos pero adaptada a las dietas sin glúten, así como a la dieta Seignalet. Lo que hacemos es, simplemente, sustituir los ingredientes que no nos interesan, como la harina de trigo, por otra harina que nos vaya bien. Una de las mejores alternativas que tenemos es utilizar harina de arroz mezclada con maizena (harina de maíz sin glúten) en una relación de 2 partes de harina de arroz por una de maizena. Esta mezcla imita bastante bien la textura del glúten del trigo, consiguiendo una miga bastante consistente. La harina de arroz sola no es tan consistente, se desmenuza más fácilmente. Podéis probar otras combinaciones según vuestros gustos y necesidades, por ejemplo harina de quinoa, trigo sarraceno, amaranto, mijo, fécula de patata, etc…

El mejor azúcar que podéis usar es la rapadura de caña, la panela o la “miel de caña”. El resto de azúcares no son realmente sanos, ni si quiera la mayoría de azúcares integrales, que suelen estar refinados. El azúcar que tiene los granitos muy sueltos está refinado. Por supuesto, evitaremos siempre que podamos el azúcar blanco.

En esta receta usamos cacao puro en lugar de chocolate. Usamos este cacao, porque a diferencia de otros cacaos solubles (los que añadimos a la leche o preprados de chocolate a la taza), el cacao puro no lleva azúcar añadido ni otros aditivos que no nos interesa tomar. Por eso el cacao puro no es dulce ni graso. Teniendo en cuenta esta característica tendremos que añadir en esta receta un poco más de aceite de oliva y más azúcar para compensar, ya que la receta original que encontraréis por ahí está pensada para cacao soluble. Si queréis probar otros sabores también podéis usar harina de algarroba para sustituir todo el cacao o una parte del mismo.

Si no queréis usar lácteos podéis usar otros tipos de leche, batidos o yogur vegetal. Esta receta sale bien con yogur, con leche de soja o con “nata” de soja, que es una especie de imitación de la crema de leche a base de soja. En la receta original se usa un yogur y una vez vacío se utiliza el mismo envase para medir los otros ingredientes. Si usáis leche de soja utilizad un vaso o una taza para hacer las mediciones. Las medidas de la receta se refieren a vasitos de yogur.

Ingredientes para el bizcocho de chocolate sin glúten para 8-10 personas aproximadamente:

·6 huevos
·2 yougures (2 vasitos) o leche de soja
·2,5 vasitos de aceite de oliva suave
·4 vasitos de azúcar (rapadura)
·3 vasitos de harina (de arroz, maizena, quinoa, etc…)
·2 vasitos de cacao puro
·1 sobre levadura
·1 pizca de sal

Preparación:

Empezamos montando las claras de los huevos a punto de nieve, añadiendo una pizca de sal. A continuación mezclamos bien las yemas con el yogur o la leche vegetal, añadimos el aceite de oliva, un poquito más de sal, el azúcar, la levadura y finalmente el cacao.

Cuando tengamos esta mezcla añadimos las claras poco a poco para mantener la esponjosidad del punto de nieve. Si no queréis montar las claras el bizcocho saldrá bueno igualmente, algo menos esponjoso eso sí…

Preparamos un molde encamisado (con mantequilla y harina espolvoreada) o con papel de aluminio para que sea fácil de desmoldar después. Vertemos la mezcla en el molde y la metemos en el horno, ya precalentado, a 175ºC durante 40 minutos. Siempre es mejor hornear solamente con calor por debajo, para que el bizcocho suba lentamente y no se queme por arriba. Dependiendo del horno y las condiciones de cada zona, el horneado correcto del bizcocho puede variar entre 25 y 60 minutos, por lo que es aconsejable que si no tenéis práctica, pasados 35 minutos de cocción abráis el horno, pinchéis el bizcocho con un mondadientes o un tenedor hasta que os salga completamente limpio.

Paleodieta

La paleodieta consiste en comer de manera similar a como lo hacían nuestros antepasados en el Paleolítico, de ahí su nombre. La idea surge al compobar que, genéticamente, la especie humana prácticamente no ha evolucionado desde entonces. En concreto, el doctor Boyd Eaton estima que en los últimos 40.000 años el genoma humano ha cambiado alrededor del 0,02 %. El hombre primitivo, el homo habilis, apareció hace unos 2,5 millones de años, fecha en la que se establece el inicio del Paleolítico (que acaba hace unos 10.000 años con la aparición de la agricultura). Los restos más antiguos encontrados del hombre moderno, el homo sapiens sapiens, tienen unos 200.000 años de antigüedad. Esto significa que nuestra especie ha vivido la gran mayoría de su existencia a base de ciertos alimentos, y que muchos de los alimentos que estamos acostumbrados a consumir hoy en día aparecen muy recientemente históricamente hablando. Evolutivamente, la especie humana no ha tenido tiempo de adaptarse a algunos de los alimentos que consume habitualmente.

Según los defensores de la paleodieta, la alimentación óptima para nuestro organismo es la que permitió a nuestros antepasados sobrevivir durante miles y miles de años. Por otra parte, también es evidente que muchos de los alimentos aparecidos más recientemente, especialmente los alimentos procesados y refinados, no son nada beneficiosos para nuestra salud. La paleodieta propone alimentarse principalmente a base de carnes y pescados, huevos, mariscos, frutas, verduras, granos y frutos secos. Los alimentos que no estaban presentes en la dieta de nuestros antepasados quedan fuera de la dieta: leche de vaca, cereales, legumbres, conservas, patatas, azúcar, refrescos y sal, principalmente.

Con esta dieta se persigue perder peso, mejorar la salud, tener más energía y prevenir muchas enfermedades tan comunes como la osteoporosis, la diabetes, la obesidad, la artritis, etc… muchas de las cuales tienen una relación muy estrecha con los mala alimentación que se sigue en una gran parte del mundo. Esta dieta puede ser interesante para aquellos que deseen eliminar algunos tóxicos de su dieta, aunque la eliminación de una parte importante de carbohidratos de la dieta no está muy bien vista por la teoría nutricionista tradicional. Desde el punto de vista vegetariano es evidente que esta dieta hace demasiado hincapié en el consumo de proteínas animales, un consumo que se ha relacionado algunas veces con enfermedades coronarias, cáncer o envejecimiento prematuro.

En esta entrevista de La2, Carlos Pérez explica de qué se trata la paleodieta:

Hay algunas otras dietas que tienen un gran parecido con la Paleodieta, por ejemplo la llamada Primal Blueprint, que también limita la ingesta de carbohidratos, especialmente el azúcar y los cereales, así como los alimentos procesados y propone una dieta basada en verduras y carne. Con estas directrices se pretende llegar a un estado de cetosis en el que el cuerpo queme las grasas acumuladas por la falta de otros recursos energéticos. Hay que tener en cuenta que este tipo de dietas solamente están aconsejadas para casos en los que sea imprescindible perder peso para mejorar el estado de salud (casos de obesidad) y no son, por lo tanto, dietas para seguir con regularidad por todas las personas. Hay que entender estas dietas como un remedio para problemas concretos, pero que una vez solucionados deberían dejarse de lado para adoptar otro tipo de dietas más equilibradas.

Fuentes:

http://thepaleodiet.com/

 

También podéis leer este mismo artículo actualizado en Mundo Sanación.
 

Azúcares

Podéis leer este mismo artículo actualizado en nuestra nueva web Mundo Sanación

Los azúcares son un componente esencial para la alimentación, ya que son el alimento básico de que se nutre el cuerpo. Sin ellos no podríamos sobrevivir, ya que todas nuestras células morirían. Los azúcares son lo que se conoce en alimentación como hidratos de carbono, y hay varios tipos dependiendo de su composición química. El azúcar blanco, el que se toma habitualmente en las dietas occidentales, es un azúcar bastante perjudicial para la salud, y por ello es importante que conozcamos cómo funcionan los azúcares para poder obtener sus beneficios sin perjudicar nuestra salud.

Uno de los datos que debemos tener en cuenta en relación a los azúcares es que las calorías que éstos proporcionan son mucho más potentes, por decirlo de alguna manera, que las que proporcionan otros alimentos. Esto es especialmente evidente en el azúcar blanco, que es el único alimento que se metaboliza como grasa y carbohidrato al mismo tiempo, y por eso la dieta rica en azúcar típica de la sociedad occidental es causante de un aumento de peso generalizado en la población, aparte de causar graves enfermedades.

Los tres tipos de azúcares principales presentes en una gran mayoría de alimentos son la glucosa, la fructosa y la sacarosa. La sacarosa (el azúcar blanco) está formada por glucosa y fructosa a partes iguales.

El cuerpo está diseñado para funcionar con glucosa, y por eso muchos órganos del cuerpo pueden metabolizar la glucosa directamente. En realidad cada célula del cuerpo necesita glucosa para obtener energía y funcionar. Por su parte, la fructosa sólo puede ser metabolizada en el hígado, que la transforma directamente en grasa. Una ingesta demasiado elevada de este azúcar puede ocasionar problemas en este órgano parecidos a los daños que puede causar el alcohol.

Los carbohidratos, como los cereales, contienen glucosa. Al ingerirlos, el cuerpo utiliza la mayoría de esta energía para funcionar. El páncreas libera insulina para que las células puedan procesar la glucosa eficazmente. La energía sobrante de lo que ingerimos (como máximo el 20 %) se metaboliza en el hígado y se almacena en forma de glucógeno, para poder ser utilizada rápidamente en otro momento.

La fructosa, presente en las frutas, funciona de manera diferente. Como sólo pude ser procesada en el hígado, no nos proporciona la energía que necesita el cuerpo de manera rápida y eficaz. El hígado la transforma en fructosa-1-fosfato, que en grandes cantidades provocan la aparición de ácido úrico, ácidos grasos libres que a la larga causan acumulación de grasa, gota, hipertensión, hígado graso, diabetes, infartos, cáncer… El etanol, el azúcar presente en el acohol, produce unos efectos similares en el hígado.

Pero en la justa medida la fructosa es buena para el organismo (de 10 a 25 gramos al día), lo que es perjudicial es un consumo masivo. El peligro de la fructosa es que está presente en muchos alimentos procesados y bebidas endulzadas, esto es lo que hace aumentar su consumo. Las frutas que contienen más fructosa (aproximadamente, dependiendo del tamaño de la pieza) son el mango (30 gr.) las uvas, las pasas, la pera (23 gr.), la sandía, la manzana (20 gr.), los dátiles, la banana (14 gr.), el melón, la papaya, la naranja y el melocotón (12 gr.), la mandarina (10 gr.), la piña, las cerezas, las fresas, el kiwi (7 gr.), y el limón que no contiene fructosa.

Es decir, alimentándonos de forma natural, podemos tomar fruta (y verduras dulces como la zanahoria) para obtener la fructosa necesaria, teniendo en cuenta la cantidad de fructosa que contiene cada fruta. Si nos tomamos un mango entero, por ejemplo, ya tendremos la fructosa recomendada para todo el día. Por lo tanto, si nos tomamos medio podremos comer otras frutas sin pasarnos de estas recomendaciones. También tenemos que tener en cuenta que algún día podemos pasarnos un poco de este límite, ya que las frutas son alimentos naturales que tienen otras propiedades beneficiosas. Lo que tenemos que evitar son los productos procesados y los endulzantes que contienen grandes cantidades de fructosa y otros azúcares obtenidos de manera artificial. La miel o el azúcar de caña natural también contienen fructosa, lo que tenemos que tener en cuenta a la hora de contabilizar la fructosa que ingerimos. En este sentido la stevia es uno de los endulzantes naturales más potentes y saludables. La dextrosa (glucosa pura) también puede ser un buen endulzante.

fuentes: http://www.medbook.es

Azúcar refinado

Supongo que muchos de vosotros ya habréis oído que el azúcar refinado, el azúcar blanco, no es muy bueno para nuestra salud. En este artículo os contaremos las razones por las que este omnipresente alimento perjudica nuestra salud.

El sabor dulce es uno de los más aceptados por la mayoría de gente. Es sin duda el sabor preferido de los más jóvenes, quizás porqué es el menos agresivo, el más agradable. Los refrescos dulces son los mas consumidos, y también es dulce todo lo que lleva chocolate. Mucha gente recurre al dulce para cualquier desajuste anímico: tristeza, depresión, alegría, euforia. Esto se debe a que el azúcar produce una lógica subida de azúcar en sangre que nos da un subidón de energía. Pero al mismo tiempo, como la mayoría de subidones, cuando este se acaba nos sentimos cansados, y el cuerpo demanda más de esa substancia. Este ciclo es muy adictivo, como cualquier otra drogadicción, y en el caso del azúcar la dosis es muy fácil de conseguir, porque el azúcar está presente en muchos de los alimentos preparados (incluso los salados).

Lo malo del azúcar que tomamos es que es refinado. Esto significa que se obtiene mediante procedimientos químicos (a partir de la caña de azúcar o de la remolacha). En este proceso se obtiene sacarosa (glucosa más fructosa) y algunos contaminantes resultantes del proceso y se pierden la fibra, los minerales, les vitaminas y los oligoelementos originales. Para poder metabolizar esto, el cuerpo tiene que recurrir a sus propias reservas de vitaminas y minerales, primero las que encuentra en la sangre, después las que hay en el cerebro y en los riñones. Esta situación va desmineralizando el organismo con el tiempo. El azúcar moreno, lamentablemente, también presenta los mismos inconvenientes que el refinado, sólo con la excepción del azúcar conocido cómo rapadura, que se obtiene por un proceso que preserva las vitaminas y los minerales.

Pero no podemos renunciar al dulce, porque nuestro organismo lo necesita para tonificar el estómago, el pancreas y el bazo, entre otras cosas. La única opción saludable que tenemos es recurrir a dulces naturales. Podemos optar por las verduras dulces, como la calabaza, la zanahoria o el brócoli, que se pueden tomar crudas o en forma de crema o puré. La fruta deshidratada y los cereales integrales de sabor dulce nos pueden ayudar. El consumo correcto de todos estos alimentos debe hacerse con una adecuada ensalibación, al igual que con todos los alimentos que comamos, incluida el agua. También podemos recorrer a las melazas de cereales (de arroz, cebada, trigo o maíz), obtenidas de la fermentación del cereal, un proceso que además favorece la digestión del propio alimento que es de alto valor nutricional.

También podemos recurrir a la stevia, conocida como la planta dulce. Además de endulzar, esta planta nos regula los niveles de azúcar en sangre, regula la tensión arterial, y ayuda a reducir la ansiendad de comer. El sabor dulce que nos deja en la boca quita el deseo de dulces durante un tiempo. La miel, por supuesto, es uno de los mejores endulzantes naturales, y es un alimento con muchas propiedades beneficiosas para el organismo.

También es importante saber que debemos evitar los edulcorantes artificiales, como la sacarina o el aspartamo, que a veces pueden llegar a ser peores que el azúcar refinado, debido a su proceso de fabricación totalmente artificial, a base de sustancias químicas.

Corrigiendo estos hábitos tendremos más energía física y mental y mejoraremos mucho nuestra salud.

 

Fuente: http://www.etselquemenges.cat/alternativa/menys-sucre-refinat-mes-dolc-natural-26

Este artículo también está disponible en Mundo Sanación.

 

Aumento de peso

Podéis leer este mismo artículo actualizado en Mundo Sanación.

La Escuela de Salud Pública de Harvard ha dado a conocer un importante estudio sobre el aumento de peso durante la vida de los adultos, un aumento que por lo general es sutil, pero gradual y constante (la media del estudio es un incremento anual de 380 gramos, que se traduce en 7,6 Kg en 20 años). Esto diferencia a este estudio de los que se hacen habitualmente en relación al aumento de peso y que sólo tienen en cuenta a personas obesas.

Los alimentos estrella culpables de este aumento de peso son las patatas fritas, los refrescos azucarados, las carnes rojas y procesadas y los cereales refinados. El aumento de peso no es debido solamente a las calorías, sinó a la calidad de los carbohidratos que contienen. Los almidones y los carbohidratos refinados tienen efectos similares a los azúcares en el organismo, que son absorbidos rápidamente por el organismo, provocando picos de glucosa e insulina en la sangre además de no inducir las señales de saciedad tan eficazmente como otros alimentos. Esto incita a comer más en las próximas comidas.

Pero no debemos evitar los carbohidratos, ya que estos deben aportar el 55% de la energía de la dieta, lo que sí que tenemos que hacer es mejorar la calidad de éstos, consumiendo más cereales integrales, y reducir el consumo de azúcares, almidones y cereales refinados (como el pan blanco o el arroz no integral).

 

Dieta Seignalet

Esta dieta es adecuada para todo el mundo, ya que se basa en la eliminación de todos los alimentos que el cuerpo no asimila bien, como es el caso de muchos cereales o la leche animal, y la preferencia por productos beneficiosos para la salud, como los productos crudos y biológicos.

El doctor Seignalet afirmaba que el “ensuciamiento de las células” es la principal causa de la mayoría de las enfermedades reumatológicas, neurológicas y autoinmunes en general, además de ser el origen de más del 65% de los cánceres, entre otras patologías. Para evitar este “ensuciamiento celular” se debe seguir un régimen ancestral (también denominado Original o Hipotóxico), como se hacía hace miles de años. A continuación se detallan los alimentos permitidos y excluidos de esta dieta, explicando los motivos y otros elementos a tener en cuenta para poder seguirla:

CEREALES

La dieta Seignalet prohíbe el consumo de los cereales modernos, ya que estos han sufrido ciertas mutaciones a causa de la selección de la agricultura. Ciertos estudios han demostrado que el trigo moderno contiene entre 21-23 cromosomas, mientras que el trigo considerado como “ancestral” tenía únicamente 7. Esta modificación afecta a la estructura de sus proteínas, ya que al no ser digeridas por completo pueden actuar como toxinas, afectando al intestino, modificando su flora y creando otra de putrefacción que dañaría la pared intestinal y crearía todavía más toxinas.

Los cereales afectados son los que han sido más extensamente cultivados. Por lo tanto, debemos excluir de nuestra dieta el trigo (y todos los alimentos que lo contienen: repostería, pan, pasta italiana, cuscús, etc…). No se admite tampoco el consumo de espelta ni de kamut, ni de la cebada, el centeno y la avena, que pertenecen a la familia del trigo. No se acepta el maíz por las mismas razones: el maíz original no medía más de medio metro, mientras que la planta moderna mutada mide hasta tres metros.

En cambio, hay algunos cereales permitidos, ya que no han sido modificados en su cultivo: El arroz y el trigo sarraceno. También se aceptan las harinas de alimentos permitidos (la de arroz, de trigo sarraceno, de soja, de garbanzos, de plátano, etc…) y el almidón de trigo y de maíz (conocido como maicena o maizena).

El doctor Seignalet no tenía una opinión definida sobre los cereales africanos y americanos (mijo, sorgo, amaranto, quinoa, etc…) pero se presupone que probablemente sean inocuos, ya que nunca han llegado a cultivarse de forma masiva.

LECHES ANIMALES

Los seres humanos sólo podemos digerir la leche de nuestra especie y únicamente durante la época de lactancia. El motivo es que la proteína principal de este alimento es la caseína, una sustancia difícil de digerir por completo que puede ocasionar problemas en el organismo. Por eso esta dieta suprime la leche animal (ya sea de cabra, vaca u oveja). La omisión de este alimento no provoca carencia de calcio, ya que el resto de productos que consumimos ya contienen calcio suficiente.

Tampoco se permite el consumo de derivados de la leche (mantequilla, queso, nata, yogur, etc…). Se aceptan la leche de soja y el yogur de soja, que son buenos sustitutos de los lácteos clásicos. Aunque también existen otras leches vegetales que se pueden consumir en la dieta Seignalet: de almendras, de avellanas, de arroz, de coco…

CARNE

Es preferible consumir la carne cruda (carpaccio, steak tartare…) o bien poco hecha.

La dieta Seignalet no permite la charcutería cocinada, como el jamón cocido, la mortadela, la morcilla… Aunque sí permite la cruda, como el jamón serrano, el salchichón, el chorizo, las salchichas, el salami…

PESCADO

Se recomienda consumir pescado poco cocinado, bien al vapor o crudo, confitado… En cualquier caso, es preferible el consumo de pescado cocinado antes que el de carne cocinada. La cocina japonesa es muy apropiada. El pescado, mejor de mar que de río, y mejor conseguido por medio de la pesca y no de piscifactoría. Se permite el consumo de mariscos, e incluso se aconsejan los crudos.

HUEVOS

Es preferible comerlos crudos o pasados por agua, ya que no se permiten los huevos duros ni cocinados.

VERDURAS Y FRUTAS

Se autorizan todas las frutas y verduras cocidas en olla o a vapor dulce, de hecho, hay que consumirlas en grandes cantidades. Se pueden tomar castañas cocidas y su harina. Las legumbres secas o leguminosas también están permitidas y, en este caso, de manera excepcional, se permite la cocción en olla a presión.

ENSALADAS

Hay que consumir ensaladas en gran cantidad: zanahorias, champiñones, pepinos, lechugas, tomates, melón, berros, etc.

FRUTOS SECOS

Se aconseja un consumo copioso de frutos secos: higos, almendras, dátiles, nueces, avellanas, etc… Pero siempre crudos, nunca tostados.

LA COCCIÓN

La cocción engendra un gran número de moléculas complejas que no existen en estado natural (tales como las moléculas de Maillard). Es por esto que la nutrición Seignalet excluye todas las cocciones peligrosas y recomienda el consumo de un máximo de productos crudos. Sin embargo, el fuego lento (inferior a 110°) está permitido, y nos ofrece la posibilidad de cocinar muchos alimentos. También podemos optar por cocinar al baño de maria, o en horno muy tibio.

Sin enbargo, las carnes no deben ser cocinadas. Podemos consumir jamón crudo y otros embutidos crudos o carpaccios.

Es también muy importante consumir aceites vírgenes, y no refinados. El aceite de oliva, nueces, avellanas, soja, colza, onagre y borraja, por ejemplo…

En cuanto a las legumbres, se pueden dejar en remojo una noche entera para cocinarlas al mínimo. Se pueden comer también germinadas, cuando están tiernas.

Algunos consejos más

1) Prefiera los productos frescos y de preferencia biológicos.
2) Verifique siempre la composición de los productos que consume, a veces es sorprendente!
3) Tome el azúcar completo (no blanco) y sal no tratada.
4) Puede congelar sus alimentos sin problemas.
5) Todos los alcoholes son en principio autorizados, consumidos con moderación, salvo la cereveza, que proviene de un cereal.

Aprender a comer de otra manera pide a veces un cierto sacrificio inicial al tener que cambiar nuestros hábitos. No se trata tampoco de comer todo frío, se puede calentar siempre que sea por debajo de 110°C.

El régimen Seignalet es diferente del régimen sin gluten propuesto para las enfermedades celiacas: El almidón de maíz y el sirope de trigo son excluidos del régimen sin gluten, pero admitidos en el régimen Seignalet. Ciertos cereales sin gluten, como el mijo, son mutados y por lo tanto prohibidos en el régimen Seignalet. Además las leches animales y sus derivados, así como la cocción peligrosa, son excluidos del régimen Seignalet, pero no del régimen sin gluten.

 

Referencias:

http://www.seignalet.fr/es/

http://www.islabahia.com/artritisreumatoide/index.asp

http://dietaseignalet.wordpress.com/2007/12/08/bizcocho-de-chocolate/

“La alimentación, la 3ª medicina. Cómo tratar enfermedades mediante una correcta alimentación.” Jean Seignalet. Colección Integral de RBA.

 

Podéis leer este mismo artículo actualizado en nuestra nueva web Mundo Sanación