Paleodieta

La paleodieta consiste en comer de manera similar a como lo hacían nuestros antepasados en el Paleolítico, de ahí su nombre. La idea surge al compobar que, genéticamente, la especie humana prácticamente no ha evolucionado desde entonces. En concreto, el doctor Boyd Eaton estima que en los últimos 40.000 años el genoma humano ha cambiado alrededor del 0,02 %. El hombre primitivo, el homo habilis, apareció hace unos 2,5 millones de años, fecha en la que se establece el inicio del Paleolítico (que acaba hace unos 10.000 años con la aparición de la agricultura). Los restos más antiguos encontrados del hombre moderno, el homo sapiens sapiens, tienen unos 200.000 años de antigüedad. Esto significa que nuestra especie ha vivido la gran mayoría de su existencia a base de ciertos alimentos, y que muchos de los alimentos que estamos acostumbrados a consumir hoy en día aparecen muy recientemente históricamente hablando. Evolutivamente, la especie humana no ha tenido tiempo de adaptarse a algunos de los alimentos que consume habitualmente.

Según los defensores de la paleodieta, la alimentación óptima para nuestro organismo es la que permitió a nuestros antepasados sobrevivir durante miles y miles de años. Por otra parte, también es evidente que muchos de los alimentos aparecidos más recientemente, especialmente los alimentos procesados y refinados, no son nada beneficiosos para nuestra salud. La paleodieta propone alimentarse principalmente a base de carnes y pescados, huevos, mariscos, frutas, verduras, granos y frutos secos. Los alimentos que no estaban presentes en la dieta de nuestros antepasados quedan fuera de la dieta: leche de vaca, cereales, legumbres, conservas, patatas, azúcar, refrescos y sal, principalmente.

Con esta dieta se persigue perder peso, mejorar la salud, tener más energía y prevenir muchas enfermedades tan comunes como la osteoporosis, la diabetes, la obesidad, la artritis, etc… muchas de las cuales tienen una relación muy estrecha con los mala alimentación que se sigue en una gran parte del mundo. Esta dieta puede ser interesante para aquellos que deseen eliminar algunos tóxicos de su dieta, aunque la eliminación de una parte importante de carbohidratos de la dieta no está muy bien vista por la teoría nutricionista tradicional. Desde el punto de vista vegetariano es evidente que esta dieta hace demasiado hincapié en el consumo de proteínas animales, un consumo que se ha relacionado algunas veces con enfermedades coronarias, cáncer o envejecimiento prematuro.

En esta entrevista de La2, Carlos Pérez explica de qué se trata la paleodieta:

Hay algunas otras dietas que tienen un gran parecido con la Paleodieta, por ejemplo la llamada Primal Blueprint, que también limita la ingesta de carbohidratos, especialmente el azúcar y los cereales, así como los alimentos procesados y propone una dieta basada en verduras y carne. Con estas directrices se pretende llegar a un estado de cetosis en el que el cuerpo queme las grasas acumuladas por la falta de otros recursos energéticos. Hay que tener en cuenta que este tipo de dietas solamente están aconsejadas para casos en los que sea imprescindible perder peso para mejorar el estado de salud (casos de obesidad) y no son, por lo tanto, dietas para seguir con regularidad por todas las personas. Hay que entender estas dietas como un remedio para problemas concretos, pero que una vez solucionados deberían dejarse de lado para adoptar otro tipo de dietas más equilibradas.

Fuentes:

http://thepaleodiet.com/

 

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Polen

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Recolectado por las abejas directamente de las flores y mezclado con otras sustancias supernutritivas, el polen tiene unas características nutricionales únicas. Contiene proteínas de alto valor biológico, enzimas, ácidos grasos insaturados, vitaminas del complejo B, vitaminas C y E y betacaroteno. También minerales como el potasio, calcio, magnesio y silicio y antioxidantes.

Se recomienda tomarlo en caso de agotamiento físico o intelectual, apatía, o falta de apetito.

 

Aumento de peso

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La Escuela de Salud Pública de Harvard ha dado a conocer un importante estudio sobre el aumento de peso durante la vida de los adultos, un aumento que por lo general es sutil, pero gradual y constante (la media del estudio es un incremento anual de 380 gramos, que se traduce en 7,6 Kg en 20 años). Esto diferencia a este estudio de los que se hacen habitualmente en relación al aumento de peso y que sólo tienen en cuenta a personas obesas.

Los alimentos estrella culpables de este aumento de peso son las patatas fritas, los refrescos azucarados, las carnes rojas y procesadas y los cereales refinados. El aumento de peso no es debido solamente a las calorías, sinó a la calidad de los carbohidratos que contienen. Los almidones y los carbohidratos refinados tienen efectos similares a los azúcares en el organismo, que son absorbidos rápidamente por el organismo, provocando picos de glucosa e insulina en la sangre además de no inducir las señales de saciedad tan eficazmente como otros alimentos. Esto incita a comer más en las próximas comidas.

Pero no debemos evitar los carbohidratos, ya que estos deben aportar el 55% de la energía de la dieta, lo que sí que tenemos que hacer es mejorar la calidad de éstos, consumiendo más cereales integrales, y reducir el consumo de azúcares, almidones y cereales refinados (como el pan blanco o el arroz no integral).